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Compensación

Las alas del Tiempo son negras y blancas, Matizadas de mañana y de noche. Montaña alta y océano profundo Suelen guardar el tembloroso equilibrio. En la luna cambiante, en la marea, Brilla la disputa del Desear y el Poseer. Medida de más y de menos por el espacio Juegan la estrella eléctrica y el lápiz. La solitaria Tierra entre las esferas Que se apresuran por los eternos pasillos, Un lastre volando hacia el vacío, Asteroide suplementario, O chispa compensatoria, Se dispara a través de la Oscuridad neutral.

El hombre es el olmo, y la Riqueza la vid, firmes y fuertes los zarcillos se entrelazan: Aunque los frágiles rizos te engañen, nadie de su cepa puede arrancar esa vid.

No temas, pues, oh niño endeble, no hay dios que osara agraviar a un gusano. Las coronas de laurel se adhieren a los méritos y el poder a quien el poder ejerce;

¿No tienes tu parte? ¡Sobre pies alados, he aquí que se apresura a tu encuentro; y todo lo que la Naturaleza hizo tuyo, flotando en el aire o encerrado en la piedra, hendirá los montes y surcará el mar y, como tu sombra, te seguirá.

Desde que era niño he deseado escribir un discurso sobre la Compensación; pues me pareció de muy joven que en este asunto la vida se adelantaba a la teología y la gente sabía más de lo que los predicadores enseñaban. Los documentos también de los cuales debe extraerse la doctrina cautivaban mi imaginación por su infinita variedad, y yacían siempre

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