Hemos hallado bellos nombres para enmascarar nuestra sensualidad, pero ningún talento puede redimir la intemperancia. El hombre talentoso se empeña en llamar triviales a sus transgresiones de las leyes de los sentidos y en no considerarlas nada en comparación con su devoción por su arte. Su arte nunca le enseñó la lascivia, ni el amor al vino, ni el deseo de cosechar donde no había sembrado. Su arte mengua con cada deducción de su santidad, y mengua con cada defecto de sentido común. Sobre aquel que desdeñó al mundo, como él decía, el mundo desairado se venga. Aquel que desprecia las pequeñas cosas perecerá poco a poco. El Tasso de Goethe es muy probablemente un retrato histórico bastante fiel, y eso es verdadera tragedia. No me parece un dolor tan genuino cuando un tiránico Ricardo tercero opresa y mata a una veintena de personas inocentes, como cuando Antonio y Tasso, ambos Aparentemente con razón, se agravian mutuamente. El uno viviendo
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Prudencia
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