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Nominalista y Realista

facultad y la promesa ajenas. Exactamente lo que las partes ya han hecho, lo volverán a hacer; pero aquello que inferimos de su naturaleza y génesis, no lo harán. Eso está en la naturaleza, pero no en ellos. Ocurre en el mundo lo que a menudo presenciamos en un debate público. Cada uno de los oradores se expresa imperfectamente; ninguno de ellos escucha gran cosa de lo que dice el otro, tal es la preocupación mental de cada cual; y el público, que solo tiene que escuchar y no hablar, juzga con gran sensatez y superioridad cuán terco e inepto es cada uno de los debatientes en su propio asunto. Hombres grandes o hombres de grandes dotes los encontrarán fácilmente, pero hombres simétricos jamás. Cuando encuentro una fuerza intelectual pura o una generosidad de afecto, creo: he aquí al hombre; y al punto me mortifico al descubrir que este individuo no es más útil para sus propios fines ni para los generales que sus compañeros; porque el poder que atrajo mi respeto no está respaldado por la sinfonía total de sus talentos. Todas las personas existen para la sociedad mediante algún rasgo brillante de belleza o utilidad que poseen. Tomamos las proporciones del hombre a partir de ese único rasgo noble y completamos el retrato de forma simétrica; lo cual es falso, pues el resto de su cuerpo es pequeño o deforme. Observo a una persona que causa una buena impresión pública y deduzco de ahí la perfección de su carácter privado, en el cual esta se basa; pero no tiene carácter privado. Es una capa elegante o un maniquí para los días de fiesta. Todos nuestros poetas, héroes y santos fallan rotundamente en uno o en muchos aspectos para satisfacer nuestra idea, fallan en despertar nuestro interés espontáneo y nos dejan así sin más esperanza de realización que nuestro propio futuro. Nuestra exageración de todos los caracteres nobles proviene del hecho de que identificamos a cada uno a su vez con el

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