arriba en el aire por un instante, pero sigue siendo cierto que todas las piedras caerán por siempre; y cualesquiera que sean los ejemplos que puedan citarse de robos impunes, o de una mentira a la que alguien dio crédito, la justicia ha de prevalecer, y es privilegio de la verdad hacerse creer. El carácter es este orden moral visto a través del medio de una naturaleza individual. Un individuo es un encasurador. El tiempo y el espacio, la libertad y la necesidad, la verdad y el pensamiento, ya no se dejan a la deriva. Ahora el universo es un cercado o corral. Todas las cosas existen en el hombre teñidas con los modales de su alma. Con la cualidad que hay en él infunde a toda la naturaleza que puede alcanzar; ni tiende a perderse en la inmensidad, sino que, por muy prolongada que sea la curva, todas sus miradas retornan por fin a su propio bien. Da vida a todo lo que puede, y solo ve lo que anima. Encierra al mundo, como el patriota a su país, como base material para su carácter y teatro para la acción. Un alma sana permanece unida a lo Justo y a lo Verdadero, tal como el imán se alinea con el polo; de modo que ante todos los espectadores se halla como un objeto transparente entre ellos y el sol, y quienquiera que viaje hacia el sol, viaja hacia esa persona. Es así el medio de la influencia más alta para todos los que no están en su mismo nivel. Así, los hombres de carácter son la conciencia de la sociedad a la que pertenecen.
La medida natural de este poder es la resistencia de las circunstancias. Los hombres impuros consideran la vida tal como se refleja en las opiniones, los acontecimientos y las personas. No pueden ver la acción hasta que está hecha. Sin embargo, su elemento moral preexistía en el actor, y su cualidad de recta o errónea era fácil de predecir.