de la acción no ha de medirse en millas. ¿Por qué he de mortificarme porque haya ocurrido una circunstancia que impide mi presencia allí donde se me esperaba? Si no estoy en la reunión, mi presencia allí donde estoy debe ser tan útil a la comunidad de la amistad y la sabiduría como lo sería mi presencia en aquel lugar. Ejerzo la misma cualidad de poder en todos los lugares. Así marcha el poderoso Ideal ante nosotros; nunca se ha sabido que se quede rezagado. Ningún hombre ha tenido jamás una experiencia que lo sacie, sino que su bien es la noticia de otro mejor. ¡Adelante y adelante! En momentos de liberación sabemos que un nuevo cuadro de la vida y del deber ya es posible; los elementos ya existen en muchas mentes a vuestro alrededor para una doctrina de la vida que trascenderá cualquier registro escrito que poseamos. La nueva declaración comprenderá los escepticismos tanto como las fes de la sociedad, y a partir de las incredulidades se formará un credo. Pues los escepticismos no son gratuitos ni anárquicos, sino limitaciones de la declaración afirmativa, y la nueva filosofía debe incorporarlos y hacer afirmaciones más allá de ellos, exactamente igual que debe incluir las creencias más antiguas.
Es muy desgraciado, pero ya no tiene remedio, el descubrimiento que hemos hecho de que existimos. Ese descubrimiento se llama la Caída del Hombre. Desde entonces sospechamos de nuestros instrumentos. Hemos aprendido que no vemos de forma directa, sino mediata, y que no tenemos medios para corregir estas lentes de colores y distorsionantes que somos, ni para calcular la magnitud de sus errores. Tal vez estas lentes subjetivas tengan un poder creativo; tal vez no existan objetos. Una vez vivimos en lo que veíamos; ahora, la rapacidad de este nuevo poder, que amenaza con absorberlo todo, nos absorbe a nosotros. La naturaleza, el arte, las personas, las letras, las religiones, los objetos, caen sucesivamente en su interior, y Dios no es sino una de sus ideas. La