La aplicación de los medios a los fines asegura la victoria y los cantos de triunfo no menos en una granja o en una tienda que en las tácticas de partidos o de guerra. El buen padre de familia halla que el método es tan eficaz en el apilamiento de la leña en un cobertizo o en la recolección de frutos en la bodega, como en las campañas de la península o en los archivos del Departamento de Estado. En el día lluvioso construye un banco de trabajo, o instala su caja de herramientas en el rincón del desván del granero, provista de clavos, barreno, tenazas, destornillador y cincel. En esto saborea un viejo gozo de la juventud y la infancia, el amor felino por los desvanes, armarios y graneros, y por las comodidades de una larga vida doméstica. Su jardín o su corral le cuentan muchas anécdotas placenteras.
Podría encontrarse motivo para el optimismo en el caudaloso flujo de este elemento sacarino de placer en todos los suburbios y confines del buen mundo. Que un hombre cumpla la ley —cualquier ley— y su camino se verá alfombrado de satisfacciones. Hay mayor diferencia en la calidad de nuestros placeres que en la cantidad.
Por otra parte, la naturaleza castiga cualquier descuido de la prudencia. Si consideras que los sentidos son definitivos, obedece su ley. Si crees en el alma, no te aferres a la dulzura sensorial antes de que esté madura en el lento árbol de la causa y el efecto. Es vinagre para los ojos tratar con hombres de percepción floja e imperfecta. Se cuenta que el Dr. Johnson dijo: «Si el niño dice que miró por esta ventana, cuando miró por aquella, azótalo». Nuestro carácter americano se distingue por un deleite superior a la media en la percepción exacta, lo cual se evidencia en la vigencia del dicho popular: «Ningún error». Pero la incomodidad de la impuntualidad, de la confusión de pensamiento sobre los hechos, de la desatención a las necesidades del mañana, no pertenece a ninguna nación. Las hermosas leyes del tiempo y del espacio, una vez dislocadas