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Confianza en uno mismo

que te mal}>{malentenderán»⁠—. ¿Es tan malo entonces ser malentendido? Pitágoras fue malentendido, y Sócrates, y Jesús, y Lutero, y Copérnico, y Galileo, y Newton, y todo espíritu puro y sabio que haya tomado carne alguna vez. Ser grande es ser malentendido.

Supongo que ningún hombre puede violar su naturaleza. Todas las incursiones de su voluntad están limitadas por la ley de su ser, así como las desigualdades de los Andes y el Himalaya son insignificantes en la curva de la esfera. Tampoco importa cómo lo midas y lo pongas a prueba. El carácter es como un acróstico o una estrofa alejandrina; —léase hacia adelante, hacia atrás o en diagonal, sigue deletreando la misma cosa. En esta grata y contrita vida en los bosques que Dios me permite, déjeme consignar día tras día mi pensamiento honesto sin perspectiva ni retrospección, y, no lo dudo, se hallará que es simétrico, aunque no lo pretenda ni lo vea. Mi libro debe oler a pinos y resonar con el zumbido de los insectos. La golondrina sobre mi ventana debería entrelazar también en mi tela ese hilo o paja que lleva en el pico. Pasamos por lo que somos. El carácter enseña por encima de nuestras voluntades. Los hombres imaginan que comunican su virtud o su vicio solo mediante acciones manifiestas, y no ven que la virtud o el vicio exhalan un aliento a cada momento.

Habrá concordancia en cualquier variedad de acciones, con tal de que cada una sea honesta y natural en su momento. Pues, procedentes de una sola voluntad, las acciones serán armónicas, por muy desemejantes que parezcan. Estas variedades se pierden de vista a poca distancia, a poca altura de pensamiento. Una sola tendencia las une a todas. * El viaje del mejor barco es una línea en zigzag de cientos de

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