Él tendrá su propia sociedad.
No podemos amar más que a la naturaleza. Los talentos más maravillosos, los esfuerzos más meritorios en realidad nos sirven de muy poco; pero la cercanía o semejanza de naturaleza —¡qué hermosa es la facilidad de su victoria!
Se nos acercan personas famosas por su belleza, por sus logros, dignas de toda admiración por sus encantos y dotes; dedican toda su habilidad a la hora y a la compañía, con un resultado muy imperfecto. Por supuesto, sería ingrato de nuestra parte no alabarlas a grandes voces.
Entonces, cuando todo está hecho, una persona de afín espíritu, un hermano o hermana por naturaleza, se nos acerca con tanta suavidad y facilidad, de manera tan cercana e íntima, como si fuera la sangre de nuestras propias venas, que sentimos como si alguien se hubiera marchado, en lugar de haber venido otro; nos sentimos totalmente aliviados y renovados; es una especie de alegre soledad.
Pensamos neciamente en nuestros días de pecado que debemos cortejar a