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Experiencia

Pero cada destello de este reino del pensamiento se siente como inicial y promete una continuación. Yo no lo creo; llego allí y contemplo lo que ya estaba allí. ¡Yo creo! ¡Oh, no! Doy palmadas de infantil alegría y asombro ante la primera apertura para mí de esta augusta magnificencia, vieja con el amor y el homenaje de innumerables edades, joven con la vida de la vida, la Meca radiante del desierto. ¡Y qué futuro se abre ante mí! Siento latir un nuevo corazón con el amor de la nueva belleza. Estoy listo para morir fuera de la naturaleza y nacer de nuevo en esta nueva y a la vez inalcanzable América que he hallado en Occidente:⁠—

“Como ni hoy ni ayer empezaron Estos pensamientos, que han existido siempre, ni tampoco puede Hallarse un hombre que supiera de su primera entrada.”

Si he descrito la vida como un flujo de estados de ánimo, debo añadir ahora que hay algo en nosotros que no cambia y que jerarquiza todas las sensaciones y estados mentales.

La conciencia en cada hombre es una escala móvil, que lo identifica ora con la Causa Primera, ora con la carne de su cuerpo; vida por encima de vida, en grados infinitos.

El sentimiento del que brota determina la dignidad de cualquier acto, y la cuestión nunca es qué habéis hecho o dejado de hacer, sino por orden de quién lo habéis hecho o dejado de hacer.

Fortuna, Minerva, Musa, Espíritu Santo: son nombres pintorescos, demasiado estrechos para abarcar esta sustancia ilimitada. El intelecto desconcertado aún debe arrodillarse ante esta causa que se niega a ser nombrada; causa inefable que todo buen genio ha intentado representar mediante algún símbolo enfático, como Tales con el agua, Anaxímenes con el aire, Anaxágoras con el pensamiento ( Νοῦς ), Zoroastro con el

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