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Confianza en uno mismo

No tengo ninguna objeción mezquina a la circunnavegación del globo con fines de arte, de estudio y de benevolencia, siempre que el hombre esté primero domesticado, o no parta al extranjero con la esperanza de hallar algo más grande que lo que conoce.

Aquel que viaja para divertirse, o para obtener algo que no lleva consigo, viaja lejos de sí mismo, y envejece aun en la juventud entre cosas viejas. En Tebas, en Palmira, su voluntad y su mente se han vuelto viejas y decrépitas como ellas. Lleva ruinas a las ruinas.

Viajar es un paraíso de tontos.

Nuestros primeros viajes nos revelan la indiferencia de los lugares. En casa sueño con que en Nápoles, en Roma, puedo embriagarme de belleza y perder mi tristeza. Hago mi baúl, abrazo a mis amigos, me embarco en el mar y al fin despierto en Nápoles, y allí a mi lado está el duro hecho, el triste yo, implacable, idéntico, del que huí.

Busco el Vaticano y los palacios. Finjo estar embriagado de vistas y sugerencias, pero no estoy embriagado. Mi gigante va conmigo adondequiera que voy.

  1. Pero la furia de viajar es síntoma de una dolencia más profunda que afecta a toda la acción intelectual. * El intelecto es vagabundo, y nuestro sistema educativo fomenta la inquietud. * Nuestras mentes viajan cuando nuestros cuerpos se ven obligados a quedarse en casa. * Imitamos; ¿y qué es la imitación sino el viajar de la mente? Nuestras casas están construidas con gusto extranjero; nuestros anaqueles están aderezados con adornos extranjeros; nuestras opiniones, nuestros gustos, nuestras facultades se inclinan y siguen al Pasado
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