carruaje de su vecino, y que «el precio más alto que uno puede pagar por algo es pedirlo».
Un hombre sabio extenderá esta lección a todos los ámbitos de la vida, y sabrá que es parte de la prudencia hacer frente a todo acreedor y pagar toda demanda justa sobre su tiempo, sus talentos o su corazón. Paga siempre; pues antes o después deberás pagar tu deuda íntegra. Las personas y los acontecimientos pueden interponerse por un tiempo entre ti y la justicia, pero es solo un aplazamiento. Al fin tendrás que pagar tu propia deuda. Si eres sabio, temerás a una prosperidad que solo te carga con más. El beneficio es el fin de la naturaleza. Pero por cada beneficio que recibes, se cobra un impuesto. Grande es aquel que confiere la mayor cantidad de beneficios. Es vil —y esa es la única vileza en el universo— recibir favores y no retribuir ninguno. En el orden de la naturaleza no podemos rendir beneficios a aquellos de quienes los recibimos, o solo en raras ocasiones. Pero el beneficio que recibimos debe ser devuelto, línea por línea, obra por obra, céntimo por céntimo, a alguien. Guárdate de retener demasiado bien en tu mano. Rápidamente se corromperá y criará gusanos. Repártelo sin tardanza de alguna manera.