Bien seguros de que su discurso es inteligible y lo más natural del mundo, van sumando tesis a tesis, sin prestar el menor atisbo de atención al asombro universal de la raza humana allá abajo, que no comprende su argumento más sencillo; ni ceden jamás tanto como para insertar una oración popular o explicativa, ni manifiestan el menor desagrado o petulancia ante la torpeza de su atónito auditorio. Los ángeles están tan enamorados del idioma que se habla en el cielo que no retorcerán sus labios con los dialectos sibilantes y antimusicales de los hombres, sino que hablan el suyo, ya haya alguien que lo entienda o no.
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Intelecto
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