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Experiencia

temperamento es un poder que nadie tolera de buena gana que otro elogie, salvo a sí mismo. Sobre la plataforma de la física no podemos resistir las influencias contractivas de la llamada ciencia. El temperamento pone en fuga a toda divinidad. Conozco la proclividad mental de los médicos. Oigo la risita disimulada de los frenólogos. Secuestradores y traficantes de esclavos teóricos, estiman que cada hombre es víctima de otro, que lo maneja a su antojo con solo conocer la ley de su ser; y mediante carteles tan baratos como el color de la barba o la inclinación del occipucio, leen el inventario de su fortuna y su carácter. La más grosera ignorancia no disgusta tanto como esta descarada presunción de saber. Los médicos dicen que no son materialistas; pero lo son:⁠—El espíritu es materia reducida a una extrema delgadez: ¡Oh, tan delgada!⁠—Pero la definición de lo espiritual debería ser aquello que es su propia evidencia. ¡Qué nociones le atribuyen al amor! ¡qué a la religión! Uno no pronunciaría de buena gana estas palabras en su presencia, para darles la ocasión de profanarlas. ¡Vi a un caballero amable que adapta su conversación a la forma de la cabeza del hombre con quien habla! Yo había imaginado que el valor de la vida residía en sus insondables posibilidades; en el hecho de que nunca sé, al dirigirme a un nuevo individuo, qué puede sucederme. Llevo las llaves de mi castillo en la mano, dispuesto a arrojarlas a los pies de mi señor, cuando y bajo el disfraz que fuere que este aparezca. Sé que está en las cercanías, oculto entre los vagabundos. ¿Voy a excluir mi porvenir sentándome en un estrado elevado y adaptando benévolamente mi conversación a la forma de las cabezas? Cuando llegue a eso, los doctores me comprarán por un centavo.⁠—“Pero, señor, ¡la historia médica; el informe al Instituto; los hechos probados!”⁠—Desconfío de los hechos y de las inferencias. El temperamento es el veto o poder de limitación en la constitución, muy justamente aplicado para reprimir un exceso opuesto en la constitución, pero absurdamente ofrecido como una traba para la equidad original. Cuando la virtud está presente, todos los poderes subordinados duermen. En su propio plano, o a la vista de la naturaleza, el

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