que el mundo monótono, encadenado a las apariencias, no le permite al realista decir con sus propias palabras, se lo tolera en los proverbios sin contradicción. Y esta ley de leyes, que el púlpito, el senado y la universidad niegan, es predicada a cada hora en todos los mercados y talleres por bandadas de proverbios, cuya enseñanza es tan verdadera y tan omnipresente como la de las aves y las moscas.
Todo es doble, lo uno frente a lo otro.—Toma y daca; ojo por ojo; diente por diente; sangre por sangre; medida por medida; amor por amor.—Dad y se os dará.—El que riega será regado.—¿Qué quieres? dice Dios; págalo y tómalo.—Quien no arriesga, no gana.—Se te pagará exactamente por lo que hayas hecho, ni más ni menos.—Quien no trabaje, que no coma.—Quien siembra vientos, cosecha tempestades.—Las maldiciones siempre recaen sobre la cabeza de quien las profiere.—Si le pones una cadena alrededor del cuello a un esclavo, el otro extremo se abrocha al tuyo propio.—El mal consejo confunde al consejero.—El diablo es un asno.