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El poeta

Este día será mejor que el de mi nacimiento: entonces me convertí en un animal; ahora soy invitado a la ciencia de lo real. Tal es la esperanza, pero la realización se pospone. Con más frecuencia sucede que este hombre alado, que ha de llevarme al cielo, me arremolina entre brumas, y luego salta y retoza conmigo por decirlo así de nube en nube, afirmando todavía que va con rumbo al cielo; y yo, al ser por mi cuenta un novato, tardo en percibir que él no conoce el camino hacia los cielos, y tan solo se empeña en que yo admire su habilidad para elevarse como un ave o un pez volador, un poco por encima de la tierra o del agua; pero el aire del cielo, que todo lo penetra, todo lo alimenta y todo lo ve, ese hombre jamás lo habitará. Vuelvo a precipitarme pronto en mis viejos rincones, y llevo una vida de exageraciones como antes, y he perdido la fe en la posibilidad de cualquier guía que pueda conducirme allí donde desearía estar.

Pero, dejando a estas víctimas de la vanidad, observemos, con nueva esperanza, cómo la naturaleza, mediante impulsos más dignos, ha asegurado la fidelidad del poeta a su oficio de anunciar y afirmar, a saber, mediante la belleza de las cosas, que se convierte en una belleza nueva y superior al ser expresada. La naturaleza le ofrece todas sus criaturas como un lenguaje pictórico. Al ser usado como un tipo, aparece en el objeto un segundo valor maravilloso, muy superior a su antiguo valor; como la cuerda tensa del carpintero, si acercas lo suficiente el oído, es musical en la brisa. «Las cosas más excelentes que toda imagen», dice Jámblico, «se expresan a través de imágenes». Las cosas admiten ser usadas como símbolos porque la naturaleza es un símbolo, en el todo y en cada parte. Cada línea que podemos trazar en la arena tiene expresión; y no hay cuerpo sin su espíritu o genio. Toda forma es un efecto del carácter; toda condición, de la calidad de la vida; toda armonía, de la salud; y por esta razón una percepción de la belleza debe ser simpática, o propia únicamente del bueno. Lo bello descansa sobre los cimientos de lo necesario. El alma hace al cuerpo, como enseña el sabio Spenser:⁠—

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