lo sobrenatural, de lo mediador y lo milagroso. La oración que anhela un bien particular, cualquier cosa menor que todo el bien, es viciosa. La oración es la contemplación de los hechos de la vida desde el punto de vista más elevado. Es el soliloquio de un alma contemplativa y jubiloso. Es el espíritu de Dios declarando que sus obras son buenas. Pero la oración como medio para lograr un fin privado es mezquindad y robo. Supone dualismo y no unidad en la naturaleza y en la conciencia. Tan pronto como el hombre esté en unión con Dios, no mendigará. Verá entonces la oración en toda acción. La oración del agricultor que se arrodilla en su campo para deshierbarlo, la oración del remero que se arrodilla al compás de su remo, son oraciones verdaderas escuchadas en toda la naturaleza, aunque sea por fines mezquinos. Caratach, en la obra Bonduca de Fletcher, cuando se le aconseja consultar la voluntad del dios Audate,
“His hidden meaning lies in our endeavors; Our valors are our best gods.”
Otra clase de falsas oraciones son nuestros arrepentimientos. El descontento es la falta de confianza en uno mismo: es la debilidad de la voluntad. Lamenta las calamidades si con ello puedes ayudar al que sufre; si no, ocúpate de tu propia obra y el mal ya comenzará a remediarse. Nuestra simpatía es igual de ruin. Acudimos a quienes lloran neciamente y nos sentamos a llorar en compañía, en lugar de transmitirles verdad y salud mediante rudos choques eléctricos, poniéndolos una vez más en comunicación con su propia razón. El secreto de la fortuna es la alegría en nuestras manos. Siempre bienvenido para los dioses y los hombres es el hombre que se ayuda a sí mismo. Para él todas las puertas se abren de par en par; a él lo