Combinan la energía de la madurez con la entrañable inconsciencia de la infancia.
El atractivo de estos modales radica en que pertenecen al hombre, y son conocidos por todo hombre en virtud de haber sido niño alguna vez; además de que siempre hay individuos que conservan estas características. Una persona de genio infantil y energía innata sigue siendo griega, y reaviva nuestro amor por la Musa de la Hélade.
Admiro el amor a la naturaleza en el Filoctetes. Al leer esas hermosas apostrofes al sueño, a las estrellas, rocas, montañas y olas, siento que el tiempo pasa como un mar en retirada. Siento la eternidad del hombre, la identidad de su pensamiento. El griego tenía, al parecer, los mismos semejantes que yo. El sol y la luna, el agua y el fuego, tocaron su corazón exactamente como tocan el mío. Entonces, la jactanciosa distinción entre griego e inglés, entre las escuelas clásica y romántica, parece superficial y pedantesca. Cuando un pensamiento de Platón se convierte en un pensamiento para mí—cuando una verdad que encendió el alma de Píndaro enciende la mía—, el tiempo deja de existir. Cuando siento que nosotros dos nos encontramos en una percepción, que nuestras dos almas están teñidas con el mismo matiz y, por decirlo así, se funden en una sola, ¿por qué habría de medir grados de latitud, por qué habría de contar años egipcios?
El estudiante interpreta la edad de la caballería según su propia edad de la caballería, y los días de aventura marítima y circunnavegación mediante experiencias propias en miniatura bastante paralelas.
Para con la historia sagrada del mundo, posee la misma llave. Cuando la voz de un profeta procedente de lo profundo de la antigüedad se limita a hacerle eco de un sentimiento de su infancia, de una oración de su juventud, entonces penetra en la verdad a través de toda la confusión de la tradición y la caricatura de las instituciones.