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Confianza en uno mismo

Sucederá por un tiempo que el discípulo hallará que su poder intelectual ha crecido mediante el estudio de la mente de su maestro.

Pero en todas las mentes desequilibradas la clasificación es idolatrada, pasa por ser el fin y no un medio que se agota rápidamente, de modo que las paredes del sistema se funden ante sus ojos en el lejano horizonte con las paredes del universo; las luminarias del cielo les parecen colgadas en el arco que su maestro construyó.

No pueden imaginar cómo ustedes, los ajenos, tienen derecho alguno a ver, cómo pueden ver; «Debe ser de algún modo que nos robaron la luz». Aún no perciben que la luz, asistemática, indomitable, irrumpirá en cualquier cabaña, incluso en la de ellos.

Déjalos que gorjeen un rato y que lo llamen suyo. Si son honrados y obran bien, al poco tiempo su nítido y nuevo redil se quedará demasiado estrecho y bajo, se rajará, se inclinará, se pudrirá y se desvanecerá, y la luz inmortal, toda joven y alegre, de millones de orbes y millones de colores, brillará sobre el universo como en la primera mañana.

  1. Es por falta de auto-cultivo que la superstición de Viajar, cuyos ídolos son Italia, Inglaterra, Egipto, conserva su fascinación para todos los estadounidenses cultos.

Aquellos que hicieron venerable a Inglaterra, Italia o Grecia en la imaginación lo hicieron manteniéndose firmes donde estaban, como un eje de la tierra. En las horas varoniles sentimos que el deber es nuestro lugar. El alma no es viajera; el sabio se queda en casa, y cuando sus necesidades, sus deberes, en cualquier ocasión lo llaman fuera de su hogar, o a tierras extranjeras, sigue estando en casa y hará que los hombres perciban por la expresión de su rostro que marcha, cual misionero de la sabiduría y la virtud, y visita ciudades y hombres como un soberano y no como un intruso o un criado.

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