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Compensación

Tal es también la historia natural de la calamidad. Los cambios que interrumpen a cortos intervalos la prosperidad de los hombres son avisos de una naturaleza cuya ley es el crecimiento.

Toda alma, por esta necesidad intrínseca, va abandonando su sistema entero de cosas, a sus amigos, su hogar, sus leyes y su fe, tal como el molusco se arrastra fuera de su hermosa pero pétrea concha, porque esta ya no admite su crecimiento, y lentamente forma una nueva casa.

En proporción al vigor del individuo, estas revoluciones son frecuentes, hasta que en alguna mente más afortunada son incesantes y todas las relaciones mundanas flotan muy holgadas a su alrededor, convirtiéndose por así decirlo en una membrana fluida y transparente a través de la cual se ve la forma viviente, y no, como en la mayoría de los hombres, en un tejido endurecido y heterogéneo de muchas fechas y sin carácter fijo, en el cual el hombre queda aprisionado.

Entonces puede haber expansión, y el hombre de hoy apenas reconoce al hombre de ayer. Y tal debe ser la biografía exterior del hombre en el tiempo, un despojarse de circunstancias muertas día tras día, a medida que renueva sus ropas día tras día.

Pero para nosotros, en nuestro estado caído, que descansamos en vez de avanzar, que nos resistimos en vez de cooperar con la expansión divina, este crecimiento llega mediante sacudidas.

No podemos separarnos de nuestros amigos. No podemos dejar ir a nuestros ángeles. No vemos que solo se van para que los arcángeles puedan entrar.

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