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Leyes espirituales

¿Por qué necesitas elegir tan dolorosamente tu lugar y tu ocupación y tus asociados y tus modos de acción y de entretenimiento?

Ciertamente hay un derecho posible para ti que excluye la necesidad de equilibrio y elección deliberada. Para ti hay una realidad, un lugar adecuado y deberes afines.

Colócate en medio de la corriente de poder y sabiduría que anima a todos los que ella flotas, y sin esfuerzo eres impulsado hacia la verdad, hacia lo correcto y hacia un perfecto contento.

Entonces pones a todos los contradictores en el error. Entonces tú eres el mundo, la medida de lo correcto, de la verdad, de la belleza.

Si no somos unos entrometidos con nuestras miserables injerencias, la obra, la sociedad, las letras, las artes, la ciencia y la religión de los hombres marcharían mucho mejor que ahora, y el cielo predicho desde el principio del mundo, y todavía predicho desde el fondo del corazón, se organizaría por sí mismo, como lo hacen ahora la rosa, el aire y el sol.

Digo, no elijáis; pero esa es una figura retórica con la que quiero distinguir lo que comúnmente se llama elección entre los hombres, y que es un acto parcial, la elección de las manos, de los ojos, de los apetitos, y no un acto total del hombre. Mas aquello que llamo rectitud o bondad es la elección de mi constitución; y lo que llamo cielo, y hacia lo que aspiro interiormente, es el estado o circunstancia deseable para mi constitución; y la acción que a lo largo de todos mis años tiendo a realizar es la obra de mis facultades. Debemos considerar a un hombre responsable ante la razón por la elección de su oficio o profesión diaria. Ya no es excusa para sus actos que sean la costumbre de su gremio. ¿Qué asuntos tiene él con un mal oficio? ¿Acaso no tiene una vocación en su carácter?

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