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Heroísmo

Valerius Despídete de tu esposa. Sophocles No, no me despediré. Mi Dorigen, Allá arriba, junto a la corona de Ariadna, Mi espíritu planeará por ti. Te ruego que te des prisa. Dorigen Detente, Sophocles⁠—con esto cúbreme la vista; No permitas que la blanda naturaleza se transforme tanto Y pierda su humanidad de sexo más apacible, Al hacerme ver sangrar a mi señor. Bien, así está bien; Jamás bajo el sol volveré a contemplar Objeto alguno antes que a mi Sophocles: Adiós; ahora enseña a los romanos a morir. Martius ¿Sabes lo que es morir? Sophocles Tú no lo sabes, Martius, Y por tanto, tampoco lo que es vivir; morir Es empezar a vivir. Es terminar Una obra vieja, rancia y cansada, para comenzar Otra más nueva y mejor. Es dejar A bribones engañosos por la compañía De los dioses y la bondad. Tú mismo habrás de separarte Al fin de todas tus guirnaldas, placeres, triunfos, Y poner a prueba tu fortaleza para ver qué hará entonces. Valerius ¿Pero no te entristece ni acongoja dejar así tu vida? Sophocles ¿Por qué habría de entristecerme o acongojarme por ser enviado Con aquellos a quienes siempre amé más? Ahora me arrodillaré, Pero con la espalda vuelta hacia ti; es el último deber Que este tronco puede rendir a los dioses. Martius Golpea, golpea, Valerius, O el corazón de Martius saltará por su boca. Este es un hombre, una mujer. Besa a

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