Esta es la ley de la ganancia moral y mental.
Los sencillos ascienden como por ligereza específica, no hacia una virtud particular, sino a la región de todas las virtudes. Están en el espíritu que las contiene a todas.
El alma requiere pureza, pero la pureza no es ella; requiere justicia, mas la justicia no es eso; requiere beneficencia, pero es algo mejor; de modo que se experimenta una especie de descenso y acomodación cuando dejamos de hablar de la naturaleza moral para instar una virtud que esta prescribe.
Para el niño bien nacido todas las virtudes son naturales, y no adquiridas penosamente. Háblale a su corazón, y el hombre se vuelve de pronto virtuoso.
En el mismo sentimiento se halla el germen del crecimiento intelectual, el cual obedece a la misma ley.
Aquellos que son capaces de humildad, de justicia, de amor, de aspiración, se encuentran ya sobre una plataforma que domina las ciencias y las artes, el discurso y la poesía, la acción y la gracia.
Pues quien habita en esta beatitud moral se anticipa ya a aquellos poderes especiales que los hombres tantoprecian. El amante no posee talento ni habilidad que pasen por completos insignificantes ante su doncella enamorada, por poco que ella posea de facultad afín; y el corazón que se entrega a la Mente Suprema se descubre emparentado con todas sus obras, y transitará por un camino real hacia los saberes y poderes particulares.
Al ascender a este sentimiento primario y original, hemos venido desde nuestra remota posición en la circunferencia instantáneamente hasta el centro del mundo, donde, como en el gabinete de Dios, vemos las causas y nos anticipamos al universo, que no es sino un efecto lento.