propios actos. Todos los hombres prudentes ven que la acción es diametralmente contraria a una prosperidad sensual; pues todo acto heroico se mide por su desprecio de algún bien externo. Pero al fin halla su propio éxito, y entonces los prudentes también lo alaban.
La confianza en uno mismo es la esencia del heroísmo.
- Es el estado del alma en guerra, y sus objetivos últimos son el desafío postrero a la falsedad y al mal, y la potencia de soportar todo cuanto puedan infligir los agentes malignos.
- Dice la verdad y es justa, generosa, hospitalaria, moderada, desdeñosa de los cálculos mezquinos y desdeñosa de ser desdeñada.
- Persiste; es de una audacia indómita y de una fortaleza imposible de agotar.
Su broma es la pequeñez de la vida común. Esa falsa prudencia que se embelesa con la salud y la riqueza es el blanco y la diversión del heroísmo.
El heroísmo, como Plotino, casi se avergüenza de su cuerpo. ¿Qué dirá entonces de los caramelos y los juegos de cordel, del tocador, los cumplidos, las riñas, las cartas y las natillas, que atormentan el ingenio de toda la sociedad?
¡Qué alegrías ha provisto la amable naturaleza para nosotros, queridos seres!
Parece no haber intervalo entre la grandeza y la mezquindad. Cuando el espíritu no es dueño del mundo, entonces es su engañado. Con todo, el hombrecillo toma la gran farsa con tanta inocencia, trabaja en ella tan de cabeza y con tanta fe, nace rojo y muere gris, arreglando su