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Arte

abrumadora variedad. Hasta que una cosa no emerge de la conexión de las cosas, puede haber disfrute, contemplación, pero ningún pensamiento. Nuestra felicidad y nuestra infelicidad son improductivas. El infante yace en un trance placentero, pero su carácter individual y su poder práctico dependen de su progreso diario en la separación de las cosas y en lidiar con una a la vez. El amor y todas las pasiones concentran toda la existencia alrededor de una sola forma. Es hábito de ciertas mentes otorgar una plenitud que todo lo excluye al objeto, al pensamiento, a la palabra en la que recalan, y hacer de eso, por el momento, el delegado del mundo. Estos son los artistas, los oradores, los líderes de la sociedad. El poder de desapegar y de magnificar mediante el desapego es la esencia de la retórica en manos del orador y del poeta. Esta retórica, o poder de fijar la eminencia momentánea de un objeto —tan notable en Burke, en Byron, en Carlyle—, la muestran el pintor y el escultor en el color y en la piedra. El poder depende de la profundidad de la perspicacia del artista sobre aquel objeto que contempla. Pues todo objeto tiene sus raíces en la naturaleza central, y por supuesto puede sernos presentado de tal modo que represente al mundo. Por tanto, cada obra de genio es la tirana de la hora y concentra la atención en sí misma. Por el momento, es lo único que vale la pena nombrar al hacerlo —ya sea un soneto, una ópera, un paisaje, una estatua, una oración, el plano de un templo, de una campaña o de un viaje de descubrimiento—. Pronto pasamos a algún otro objeto, que se redondea en un todo tal como lo hizo el primero; por ejemplo, un jardín bien dispuesto; y nada parece valer la pena salvo el diseño de jardines. Creería que el fuego es lo mejor del mundo, si no conociera el aire, el agua y la tierra. Pues es derecho y propiedad de todos los objetos naturales, de todos los talentos genuinos, de todas las facultades nativas sin excepción, ser por su momento la cumbre del mundo. Una ardilla que salta de rama en rama y hace del bosque un único y amplio árbol para su deleite, llena la vista ni más ni menos que un león —es hermosa, autosuficiente y representa allí mismo a la naturaleza—. Una buena balada atrae mi oído y mi corazón mientras

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