aunque los jugadores dicen que las cartas vencen a todos los jugadores, por muy hábiles que sean, sin embargo, en el certamen que ahora consideramos, los jugadores son también el juego, y comparten el poder de las cartas. Si criticas a un gran genio, lo más probable es que estés fuera de tus cálculos y, en lugar del poeta, estés censurando tu propia caricatura de él. Pues hay algo esférico e infinito en cada hombre, especialmente en cada genio, que, si logras acercarte mucho a él, se mofa de todas tus limitaciones. Porque, con razón, todo hombre es un canal por el cual fluye el cielo, y mientras imaginaba que lo estaba criticando a él, estaba censurando, o más bien acotando, mi propia alma. Tras criticar a Goethe por cortesano, artificial, incrédulo, mundano, tomé este libro de Helena y lo hallé como a un indio del desierto, una pieza de pura naturaleza como una manzana o un roble, vasto como la mañana o la noche, y virtuoso como una rosa silvestre.
Pero se cuida que se toque toda la melodía. Si no nos mantuvieran entre las superficies, todo sería vasto y universal; ahora los atributos excluidos irrumpen en nosotros con mayor brillo por haber sido excluidos. «Ahora te toca a ti, luego me toca a mí», es la regla del juego. La universalidad, al verse obstaculizada en su forma primaria, adopta la forma secundaria de todas las caras; los puntos acuden sucesivamente al meridiano, y mediante la velocidad de la rotación se forma un nuevo todo. La naturaleza se mantiene íntegra y su representación completa en la experiencia de cada mente. No consiente que ningún asiento quede vacante en su colegio. Es el secreto del mundo que todas las cosas subsisten y no mueren, sino que solo se retiran un poco de la vista y después vuelven a aparecer. * Todo lo que no nos concierne nos está