ha huido de sí mismo, y la retribución es otro tanto de muerte. Tan rotundo es el fracaso de todos los intentos de hacer esta separación del bien y del tributo, que el experimento no se intentaría—puesto que intentarlo es una locura— de no ser por la circunstancia de que, cuando la enfermedad comenzó en la voluntad, de rebelión y separación, el intelecto se infecta al instante, de modo que el hombre deja de ver a Dios entero en cada objeto, y es capaz de ver el señuelo sensual de un objeto y no ver el daño sensual; ve la cabeza de sirena pero no la cola de dragón, y cree que puede separar aquello que desea de aquello que no desea. «¡Cuán secreto eres tú, que habitas en los más altos cielos en silencio, oh, tú, único gran Dios, que esparces con una providencia infatigable ciertas cegueras penales sobre aquellos que tienen deseos desmedidos!».
El alma humana es fiel a estos hechos en la pintura de la fábula, de la historia, de la ley, de los proverbios, de la conversación. Encuentra una lengua en la literatura sin proponérselo. Así, los griegos llamaban a Júpiter Mente Suprema; pero, habiéndole atribuido tradicionalmente muchas acciones viles, involuntariamente se redimieron ante la razón atándole las manos a un dios tan malo. Se le hace tan indefenso como a un rey de Inglaterra. Prometeo conoce un secreto por el cual Júpiter debe regatear; Minerva, otro. No puede conseguir sus propios truenos; Minerva guarda la llave de ellos:—
“De todos los dioses, solo yo conozco las llaves que abren las sólidas puertas en cuyas bóvedas duermen sus truenos”.
Una llana confesión de la operación interna del Todo y de su fin moral. La mitología india desemboca en la misma ética; y parecería imposible que se inventara fábula alguna y cobrara vigencia que no fuera moral. * Aurora olvidó pedir la juventud para su amante, y aunque Titón es inmortal, es viejo. * Aquiles no es del todo invulnerable; las aguas sagradas no lavaron el talón por el cual Tetis