CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 82 de 492
Table of Contents

Compensación

en su arca; engrosa la hacienda, pero mata al dueño. La Naturaleza odia los monopolios y las excepciones. Las olas del mar no buscan con mayor rapidez la nivelación desde su más alta cresta de lo que las variedades de condición tienden a igualarse. Siempre hay alguna circunstancia niveladora que sitúa al prepotente, al fuerte, al rico, al afortunado, sustancialmente en el mismo plano que a todos los demás. > ¿Es un hombre demasiado fuerte y feroz para la sociedad y, por temperamento y posición, un mal ciudadano —un rufián moroso, con un toque de pirata en su interior—? La Naturaleza le envía una tropa de lindos hijos e hijas que avanzan en las clases de la maestra en la escuela del pueblo, y el amor y el temor por ellos suavizan su sombrío ceño hasta convertirlo en cortesía. De este modo se ingenia para ablandar el granito y el feldespato, saca al jabalí y mete al cordero y mantiene

El granjero imagina que el poder y la posición social son cosas excelentes. Pero el Presidente ha pagado caro su Casa Blanca. Por lo general, le ha costado toda su paz y lo mejor de sus atributos varoniles. Para preservar por poco tiempo una apariencia tan conspicua ante el mundo, se contenta con tragar polvo ante los verdaderos amos que permanecen erguidos tras el trono. ¿O es que los hombres desean la grandeza más sustancial y permanente del genio? Tampoco esta tiene inmunidad. Quien por la fuerza de la voluntad o del pensamiento es grande y domina a miles, paga el precio de esa eminencia. Con cada afluencia de luz llega un nuevo peligro. ¿Tiene luz? Debe dar testimonio de la luz y adelantarse siempre, mediante su fidelidad a las nuevas revelaciones del alma incesante, a esa simpatía que le brinda tan intensa satisfacción. Debe aborrecer al padre y a la madre, a la esposa y al hijo. ¿Tiene todo lo que el

82