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Experiencia

minuciosidad del paso de un trozo de pan por su garganta, se moriría de hambre. En la Granja-Escuela (Education-Farm), la más noble teoría de la vida habitaba en las más nobles figuras de jóvenes y doncellas, totalmente impotente y melancólica. No rastrillaba ni apilaba una tonelada de heno; no limpiaba un caballo; y a los jóvenes y a las doncellas los dejaba pálidos y hambrientos. Un orador político comparó ingeniosamente nuestras promesas partidistas con los caminos del oeste, que empezaban con suficiente elegancia, con árboles plantados a ambos lados para tentar al viajero, pero que pronto se hacían cada vez más estrechos hasta terminar en la pista de una ardilla que trepaba por un árbol. Lo mismo hace la cultura con nosotros; termina en dolor de cabeza. Indeciblemente triste y estéril se ve la vida para aquellos que hace unos meses estaban deslumbrados por el esplendor de la promesa de los tiempos. “Ya no queda ningún curso de acción correcto ni ninguna entrega de sí mismo entre los iranios”. De objeciones y críticas hemos tenido nuestra ración completa. Hay objeciones para cada curso de vida y acción, y la sabiduría práctica deduce una indiferencia a partir de la omnipresencia de las objeciones. Todo el entramado de las cosas predica indiferencia. No te enloquezcas pensando, sino ocúpate de tus asuntos donde sea. La vida no es intelectual ni crítica, sino vigorosa. Su mayor bien es para la gente equilibrada que puede disfrutar de lo que encuentra, sin cuestionamientos. La naturaleza odia el espionaje, y nuestras madres expresan su mismo sentido cuando dicen: “Niños, coman su comida y no se hable más”. Llenar la hora⁠—eso es la felicidad; llenar la hora y no dejar resquicio para el arrepentimiento ni la aprobación. Vivimos entre apariencias, y el verdadero arte de la vida es patinar bien sobre ellas. Bajo las convenciones más antiguas y mohosas, un hombre de fuerza innata prospera exactamente igual que en el mundo más nuevo, y ello gracias a su destreza

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