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El poeta

llevan rápida y lejanamente, y los incrustan de manera irreecuperable en los corazones de los hombres. Estas alas son la belleza del alma del poeta. Las canciones, volando así inmortales de su progenitor mortal, son perseguidas por clamorosas bandadas de censuras, que enjambran en mucha mayor cantidad y amenazan con devorarlas; mas estas últimas no tienen alas. Al cabo de un salto muy breve caen de golpe y se pudren, por no haber recibido de las almas de donde procedían ninguna hermosa ala. Pero las melodías del poeta ascienden y saltan y penetran en los abismos del tiempo infinito.

Hasta ahora el bardo me enseñó, valiéndose de su palabra más libre. Pero la naturaleza tiene un fin más alto, en la producción de nuevos individuos, que la seguridad, a saber, la ascensión, o el paso del alma hacia formas superiores. Conocí en mis años mozos al escultor que hizo la estatua del joven que se halla en el jardín público. Él era, según recuerdo, incapaz de decir directamente qué lo hacía feliz o infeliz, pero mediante rodeos maravillosos podía expresarlo. Se levantó un día, según su costumbre, antes del alba, y vio romper la mañana, tan grandiosa como la eternidad de donde provenía, y durante muchos días después se esforzó por expresar esta tranquilidad, ¡y he aquí que su cincel había labrado en mármol la forma de un hermoso joven, Fósforo, cuyo aspecto es tal que se dice que todas las personas que lo contemplan enmudecen. El poeta también se entrega a su estado de ánimo, y aquel pensamiento que lo agitaba se expresa, pero alter idem, de un modo totalmente nuevo. La expresión es orgánica, o el nuevo tipo que las cosas mismas adoptan al ser liberadas. Así como, bajo el sol, los objetos graban sus imágenes en la retina del ojo, también ellos, compartiendo la aspiración de todo el universo, tienden a plasmar una copia mucho más delicada de su esencia en su mente. Semejante

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