Pero lo que más me atrae de la clase heroica es el buen humor y la hilaridad que exhiben. Es una cumbre a la que el deber común puede muy bien llegar, el sufrir y el atreverse con solemnidad. Pero estas almas raras valoran la opinión, el éxito y la vida tan a la baja que no aplacan a sus enemigos con peticiones ni con muestras de pesar, sino que visten su habitual grandeza. Escipión, acusado de malversación, se niega a hacerse el gran deshonor de aguardar su justificación, aun teniendo en las manos el rollo de sus cuentas, y lo hace trizas ante los tribunos. La condena que Sócrates se impone a sí mismo de ser mantenido con todos los honores en el Pritaneo durante su vida, y la jovialidad de Sir Thomas More en el cadalso, son de la misma calaña. En El viaje por mar (Sea Voyage), de Beaumont y Fletcher, Juletta le dice al valiente capitán y a su compañía—
Juletta Why, slaves, ’tis in our power to hang ye. Master Very likely, ’Tis in our powers, then, to be hanged, and scorn ye.
Estas respuestas son sólidas e íntegras.
- El deporte es el esplendor y el fulgor de una salud perfecta.
Los grandes no se dignarán tomarse nada en serio; todo debe ser tan alegre como el canto de un canario, aunque se trate de la construcción de ciudades o de la erradicación de viejas e insensatas iglesias y naciones que han estorbado en la tierra durante largos millares de años.
Los corazones sencillos dejan toda la historia y las costumbres de este mundo atrás, y juegan su propio juego en inocente desafío a las Leyes Azules del mundo; y así parecerían, si pudiéramos ver a la raza humana reunida en visión, como niños pequeños retozando juntos, aunque a los ojos de la humanidad en general vistan un atuendo majestuoso y solemne de obras e influencias.