Pero también resulta que nuestras acciones son secundadas y dispuestas hacia mayores conclusiones de las que habíamos ideado. Somos escoltados por todas partes a través de la vida por agentes espirituales, y un propósito benévolo nos aguarda al acecho. No podemos andar con réplicas y sutilezas con la Naturaleza, ni tratarla como tratamos a las personas. Si medimos nuestras fuerzas individuales frente a las suyas, fácilmente podemos sentirnos como el juguete de un destino insuperable. Mas si, en lugar de identificarnos con la obra, sentimos que el alma del artífice fluye a través de nosotros, hallaremos que la paz de la mañana mora primero en nuestros corazones, y que los poderes insondables de la gravedad y la química, y, por encima de ellos, de la vida, preexisten en nuestro interior en su forma más elevada.
La inquietud que nos produce el pensamiento de nuestra impotencia en la cadena de causas, resulta de mirar demasiado a una condición de la naturaleza, a saber, el Movimiento. Pero el freno jamás se le quita a la rueda. Dondequiera que el impulso excede, el Reposo o la Identidad insinúa su compensación. Por todos los amplios campos de la tierra crece la brunela o consuelda menor. Tras cada día insensato disipamos durmiendo los vapores y las furias de sus horas; y aunque siempre estamos ocupados con los particulares, y a menudo esclavizados por ellos, llevamos con nosotros a cada experimento las leyes universales innatas. Estas, mientras existen en la mente como ideas, nos rodean en la naturaleza por siempre encarnadas, una cordura presente para exponer y curar la insensatez de los hombres. Nuestra servidumbre a los particulares nos traiciona induciéndonos a un centenar de expectativas necias. Anticipamos una nueva era con la invención de una locomotora, o un globo; la nueva máquina trae consigo los viejos frenos. Dicen que mediante el electromagnetismo vuestra ensalada crecerá de la semilla mientras vuestro pollo se asa para la cena; es