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nydus/Great ExpectationsPublic
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Capítulo II

«porque le había dado un yuyu». A juzgar por mi propia experiencia, diría que sin duda le dio un yuyu después, si es que no le había dado ninguno antes.

La conciencia es algo terrible cuando acusa a un hombre o a un muchacho; pero cuando, en el caso de un muchacho, esa carga secreta coopera con otra carga secreta bajando por la pernera de sus pantalones, es (como puedo atestiguar) un gran castigo. El conocimiento culpable de que iba a robar a la señora Joe⁠—nunca pensé que iba a robar a Joe, pues jamás consideré suya ninguna de las pertenencias de la casa⁠—, unido a la necesidad de mantener siempre una mano sobre mi pan con mantequilla mientras estaba sentado, o cuando me mandaban por la cocina en algún recado menor, estuvo a punto de hacerme enloquecer. Luego, a medida que los vientos de las marismas hacían que el fuego brillara y chisporroteara, me pareció oír afuera la voz del hombre con el grillete en la pierna que me había obligado a jurar secreto, declarando que

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