«¡Muchacho, sé eternamente agradecido a todos los amigos, pero especialmente a aquellos que te criaron a
«¡Adiós, Joe!»
—¡Que Dios te bendiga, Pip, viejo amigo!
Nunca me había separado de él antes, y entre lo sentimental que estaba y los vapores de la lejía, al principio no pude ver ninguna estrella desde el pescante. Pero fueron parpadeando una a una, sin arrojar ninguna luz sobre las cuestiones de por qué diablos iba a jugar a casa de Miss Havisham, y a qué diablos se esperaba que jugara.