Había una puerta en la cocina, que comunicaba con la forja; abrí la cerradura y el cerrojo de aquella puerta, y cogí una lima de entre las herramientas de Joe. Después dejé los cierres tal como los había encontrado, abrí la puerta por la que había entrado cuando corrí a casa la noche anterior, la cerré y eché a correr hacia las marismas neblinosas.
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Capítulo II
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