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nydus/Great ExpectationsPublic
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Capítulo XXXIV

Richmond, de lo cual hablaré aparte a su debido tiempo. Herbert solía venir a Hammersmith cuando yo me encontraba allí, y creo que en esas ocasiones su padre tenía de vez en cuando la fugaz percepción de que la oportunidad que andaba buscando aún no se había presentado. Pero en el desbarajuste general de la familia, su acomodo en la vida era algo que tenía que resolverse de algún modo. Entre tanto, el señor Pocket se ponía más gris e intentaba con mayor frecuencia levantarse de sus perplejidades tirándose de los cabellos. Mientras la señora Pocket hacía tropezar a la familia con su escabel, leía su libro de títulos nobiliarios, perdía el pañuelo, nos hablaba de su abuelo y enseñaba a la tierna infancia a desenvolverse, mandándola a la cama tan pronto como llamaba su atención.

Como ahora estoy generalizando un periodo de mi vida con el objeto de despejar el camino ante mí, difícilmente podré hacerlo mejor que completando de una vez la descripción de nuestras maneras y costumbres habituales en el Barnard’s Inn.

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