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nydus/Great ExpectationsPublic
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Capítulo XXXVI

Herbert y yo fuimos de mal en peor en lo tocante a aumentar nuestras deudas, revisar nuestras cuentas, dejar márgenes y otras transacciones ejemplares por el estilo; y el Tiempo siguió su curso, quisiéramos o no, como suele hacerlo; y yo llegué a la mayoría de edad, cumpliendo la predicción de Herbert de que lo haría antes de darme cuenta.

Herbert mismo había cumplido la mayoría de edad ocho meses antes que yo. Como no tenía otra cosa que heredar al ser mayor, el acontecimiento no causó una profunda sensación en Barnard’s Inn. Pero habíamos esperado mi vigésimo primer cumpleaños con un sinfín de especulaciones y anticipaciones, pues ambos considerábamos que mi tutor difícilmente dejaría de decir algo definitivo en aquella ocasión.

Me había ocupado de que en Little Britain se supiera bien cuándo era mi cumpleaños. El día anterior a este, recibí una nota oficial de Wemmick, en la que me comunicaba que al señor Jaggers le complacería que fuera a verle a las cinco de la tarde del auspicioso día.

Esto nos convenció de que algo grandioso iba a suceder, y me sumió en una agitación insólita cuando me dirigí a la oficina de mi tutor, siendo un modelo de puntualidad.

En el despacho exterior, Wemmick me ofreció sus felicitaciones y, de paso, se frotó un lado de la nariz con un trozo doblado de papel de seda que me dio buena espina. Pero no dijo nada al respecto y, con un gesto de la cabeza, me indicó que pasara al despacho de mi tutor.

Era noviembre, y mi tutor estaba de pie ante su fuego, apoyando la espalda en la chimenea con las manos bajo los faldones de la levita.

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