—Querido muchacho y camarada de Pip. No voy a ponerme a contarles mi vida como si fuera una canción o un libro de cuentos. Pero para dársela corta y al pie, se la voy a resumir de un solo golpe en buen romance.
- En la cárcel y fuera de la cárcel,
- en la cárcel y fuera de la cárcel,
- en la cárcel y fuera de la cárcel.
Listo, ya la tienen. Más o menos esa es mi vida, hasta aquellos tiempos en que me mandaron en barco, después de que Pip se portó como un amigo conmigo.
“Me han hecho de todo, prácticamente, excepto colgarme.
He estado encerrado tanto como una tetera de plata. Me han acarreado aquí y me han acarreado allá, y me han echado de este pueblo y me han echado de aquel otro, y me han metido en el cepo, y me han azotado, atormentado y hostigado.
No tengo más idea de dónde nací que usted —si es que la tengo—. Por primera vez tomé conciencia de mí mismo allá en Essex, robando nabos para ganarme la vida. Alguien se había escapado de mi lado —un hombre, un calderero—, y se había llevado el fuego consigo, dejándome de lo más frío.
“Sabía que mi nombre era Magwitch, bautizado Abel. ¿Cómo lo sabía? Del mismo modo que sabía que los nombres de los pájaros en los setos eran pinzón, gorrión, zorrzal. Habría podido pensar que todo era una sarta de mentiras, solo que, como los nombres de los pájaros resultaban ser ciertos, supuse que el mío también.