«Compeyson se rio, me miró de nuevo con mucha atención, me dio cinco chelines y me citó para la noche siguiente. En el mismo lugar.
—Fui a ver a Compeyson a la noche siguiente, al mismo lugar, y Compeyson me aceptó para ser su hombre y socio.
¿Y cuál era el negocio de Compeyson en el que íbamos a ser socios?
El negocio de Compeyson era el timo, la falsificación de letra, la circulación de billetes robados y cosas por el estilo. Toda clase de trampas que Compeyson pudiera idear con su cabeza, manteniendo sus propias piernas a salvo, obteniendo las ganancias y metiendo en ellas a otro hombre, eso era el negocio de Compeyson. No tenía más corazón que una lima de hierro, era tan frío como la muerte y tenía la cabeza del Diablo antes mencionado.
“Había otro con Compeyson, que se llamaba Arthur—no por ser ese su nombre de pila, sino de apellido.
Estaba consumido por una tisis y era pura sombra.
Él y Compeyson se habían metido en un asunto turbio con una señora rica unos años antes, y habían ganado un dineral con ello; pero Compeyson apostaba y jugaba, y se habría gastado hasta los impuestos del rey.
Así pues, Arthur se estaba muriendo, muriéndose pobre y con delirios espantosos, y la mujer de Compeyson (a la que Compeyson solía patear) le tenía lástima cuando podía, mientras que Compeyson no le tenía lástima a nada ni a nadie.
“Podría haber tomado ejemplo de Arthur, pero no lo hice; y no voy a fingir que fui muy espcial —porque ¿de qué serviría, querido muchacho y camarada? Así que empecé con Compeyson, y fui un pobre instrumento en sus manos. Arthur vivía en el piso de arriba de la casa de