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nydus/Great ExpectationsPublic
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XXXI

A nuestra llegada a Dinamarca, encontramos al rey y a la reina de aquel país subidos en dos sillones sobre una mesa de cocina, celebrando una Corte. Toda la nobleza danesa estaba presente; constaba de un noble muchacho con las botas de ante de un antepasado gigantesco, un venerable par con la cara sucia que parecía haber ascendido desde el pueblo a una edad avanzada, y la caballería danesa con un peinado y un par de piernas de seda blanca, presentando en conjunto un aspecto femenino. Mi talentoso paisano se mantenía sombríamente apartado, con los brazos cruzados, y yo habría deseado que sus rizos y su frente hubieran sido más verosímiles.

Varios pequeños y curiosos incidentes ocurrieron a medida que la acción avanzaba. El difunto rey del país no solo parecía haber padecido de tos en el momento de su fallecimiento, sino habérsela llevado a la tumba y haberla traído de vuelta. El fantasma real también llevaba un manuscrito espectral enrollado en su bastón de mando, al que aparentemente recurría de vez en vez, y lo hacía además con un aire de ansiedad y una tendencia a perder el lugar de referencia que sugerían un estado de mortalidad. * Fue esto, supongo, lo que llevó a que la galería le aconsejara a la Sombra que «¡pasara la página!», recomendación que esta se tomó a muy mal. Asimismo, cabía señalar de este majestuoso espíritu que, si bien siempre aparecía con el aire de haber estado fuera durante mucho tiempo y de haber recorrido una distancia inmensa, venía de manera perceptible

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