CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Great ExpectationsPublic
Page 50 of 725
Table of Contents

V. La cocina de Joe Gargery

—Verá, herrero —dijo el sargento, que para entonces ya había localizado a Joe con la mirada—, hemos tenido un incidente con estos, y veo que el mecanismo de uno no va bien, y el grillete no funciona como es debido. Como se necesitan para servicio inmediato, ¿les echaría un vistazo?

Joe les echó un vistazo y dictaminó que el trabajo exigiría encender el fuego de su fragua y llevaría más cerca de dos horas que de una.

—¿De verdad? Pues ¿querrá ponerse a ello ahora mismo, herrero? —dijo el sargento con desparajo—, ya que es para el servicio de Su Majestad. Y si mis hombres pueden echar una mano en algo, se harán útiles.

Dicho esto, llamó a sus soldados, que entraron en tropel en la cocina uno tras otro y apilaron las armas en un rincón. Y luego se quedaron por allí, como suelen hacer los soldados;

  • ahora, con las manos levemente entrelazadas por delante;
  • ahora, apoyando una rodilla o un hombro;
  • ahora, aflojándose un cinto o una cartuchera;
  • ahora, abriendo la puerta para escupir rígidamente por encima de sus altos cuellos, hacia el patio.

Todas estas cosas las vi sin saber entonces que las veía, pues me encontraba en una agonía de aprensión. Pero al empezar a percibir que las esposas no eran para mí, y que los militares habían podido tanto con el pastel como para ponerlo en un segundo plano, reuní un poco más de mis dispersos sentidos.

—¿Tendría la bondad de decirme qué hora es? —dijo el sargento, dirigiéndose al señor Pumblechook como a un hombre cuyas facultades de apreciación justificaban la inferencia de que estaba a la altura de la hora.

“Son las dos y media pasadas”.

50