con lo que me pareció una voz ronca: «¡Buenas noches!».
Al levantarme por la mañana, despejado y ya con más fuerzas, estaba lleno de la resolución de contárselo todo a Joe, sin demora. Se lo contaría antes de desayunar. Me vestiría de inmediato, iría a su habitación y le daría una sorpresa; pues era el primer día que me había levantado temprano. Fui a su cuarto y él no estaba. No solo no estaba, sino que su baúl había desaparecido.
Me apresuré entonces hacia la mesa del desayuno, y sobre ella encontré una carta. Este era su breve contenido:—
“No deseando molestar me e hido por que usted esta vien otra ves querido Pip y lo ara mejor sin Jo.
“P.D. Siempre los mejores amigos.”