contaminado me sentía, recordando quién venía, que la diligencia llegó rápido después de todo, y aún no me había librado de la manchada conciencia del invernadero de Mr. Wemmick, cuando vi su rostro en la ventanilla del carruaje y su mano saludándome.
¿Cuál era la sombra sin nombre que de nuevo en aquel instante había pasado?