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nydus/Great ExpectationsPublic
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Capítulo XXXIX

Con el corazón latiendo como un pesado martillo de a rritmo desordenado, me levanté de la silla y me quedé de pie con la mano apoyada en el respaldo, mirándolo fijamente y con desesperación.

“En lo que respecta a un tutor”, continuó. “Debía de haber habido algún tutor, o algo por el estilo, mientras eras menor de edad. Algún abogado, quizás. En cuanto a la primera letra del nombre de ese abogado. ¿Sería una J?”

Toda la verdad de mi situación me vino como un relámpago; y sus desilusiones, peligros, afrentas, consecuencias de toda clase, acudieron en tropel con tanta fuerza que me vi abrumado por ellas y tuve que luchar por cada bocanada de aire.

—Supón —prosiguió—, como el patrón de aquel abogado cuyo nombre empezaba por J, y bien podría ser Jaggers—, supón que él hubiera cruzado el mar hasta Portsmouth, y hubiera desembarcado allí, y hubiera querido venir a verte. «Como sea, me has descubierto», dices ahora mismo. ¡Pues bien! ¿Cómo te descubrí? Pues escribí desde Portsmouth a una persona en Londres para pedirle los detalles de tu dirección. ¿El nombre de esa persona? Pues Wemmick.

No habría podido pronunciar una sola palabra, aunque me hubiera ido la vida en ello. Me quedé allí, con una mano en el respaldo de la silla y la otra en el pecho, donde parecía estar ahogándome; me quedé así, mirándolo con desesperación, hasta que me así a la silla cuando la habitación empezó a dar vueltas y a tambalearse. Él me cogió, me llevó hacia el sofá, me recostó contra los cojines y se arrodilló ante mí, acercando mucho a la mía la cara que ahora recordaba tan bien y ante la cual me estremecía.

—¡Sí, Pip, querido muchacho, he hecho de ti todo un caballero! ¡He sido yo quien lo ha hecho! Juré aquella vez, tan cierto como que gané un chelín, que ese chelín sería para ti. Juré después, tan cierto como que

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