Codal
nydus/The Innocence of Father BrownPublic
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El jardín secreto

—Oh —exclamó con marcado acento irlandés—, admirando la luna. En comunión con la Naturaleza, me bhoy.

Un pesado silencio se instaló y perduró, y al final de este volvió de nuevo aquel golpeteo trivial y terrible. Iván reapareció, cargando una vaina de acero vacía. —Esto es todo lo que puedo encontrar —dijo.

“Ponlo en la mesa”, dijo Valentín, sin levantar la vista.

Había un silencio inhumano en la habitación, como aquel mar de silencio inhumano alrededor del banquillo del asesino condenado. Las débiles exclamaciones de la Duquesa se habían apagado hacía mucho tiempo. El odio hinchado de Lord Galloway estaba satisfecho e incluso sobrio. La voz que se oyó fue totalmente inesperada.

—Creo que puedo decírselo —exclamó lady Margaret, con esa voz clara y temblorosa con la que una mujer valiente habla en público—.

Puedo decirles qué hacía el señor O’Brien en el jardín, ya que él está obligado a guardar silencio. Me estaba pidiendo que me casara con él. Me negué; le dije que, dadas las circunstancias de mi familia, no podía ofrecerle más que mi respeto. Se enojó un poco por eso; no pareció darle mucha importancia a mi respeto. Me pregunto —añadió, con una sonrisa algo desvaída— si le importará algo ahora. Porque se lo ofrezco ahora. Juraré donde sea que él jamás hizo una cosa semejante.

Lord Galloway se había acercado a su hija y la estaba intimidando en lo que creía ser un tono de voz bajo.

—Cierra la boca, Maggie —dijo en un susurro estruendoso—. ¿Por qué habrás de encubrir al sujeto? ¿Dónde está su espada? ¿Dónde está su maldita caballería...?

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