—¿Qué le hizo usted? —gritó el coronel, con inusual intensidad—. ¿Qué le dijo?
—Le ruego que me disculpe —dijo el sacerdote con absoluta firmeza—, ahí es donde termina la historia.
—Y empieza la interesante historia —murmuró Pound—. Creo que comprendo su truco profesional. Pero no me parece haber pillado el tuyo.
—Debo marcharme —dijo el padre Brown.
Caminaron juntos por el pasillo hacia el vestíbulo, donde vieron el rostro fresco y pecoso del duque de Chester, que avanzaba saltando alegremente hacia ellos.
—Vamos, Pound —exclamó sin aliento—. Te he estado buscando por todas partes. La cena vuelve a marchar a todo tren, y el viejo Audley tiene que dar un discurso en honor a que se hayan salvado los tenedores. Queremos empezar alguna ceremonia nueva, ya sabes, para conmemorar la ocasión. Dinos, ya que recuperaste los bártulos, ¿qué sugieres?