Codal
nydus/The Innocence of Father BrownPublic
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Los pies raros

a través de la multitud de ustedes, un camarero con un encargo evidente. Por supuesto, aquello no podía mantenerse por mucho tiempo, pero solo hacía falta mantenerlo hasta el final del plato de pescado.

“Su peor momento era cuando los camareros se ponían en fila; pero aun entonces se apañaba para apoyarse contra la pared, justo a la vuelta de la esquina, de tal manera que, durante ese crucial instante, los camareros lo tomaron por un caballero, mientras que los caballeros lo tomaron por un camarero.

Lo demás fue visto y no oido. Si algún camarero lo pillaba lejos de la mesa, ese camarero pillaba a un aristócrata displicente. Solo tenía que calcular el tiempo dos minutos antes de retirar el pescado, convertirse en un raudo sirviente y retirarlo él mismo. Dejaba los platos en un aparador, metía la cubertería en el bolsillo del pecho, dándole un aspecto abultado, y corría como una liebre (lo oí venir) hasta llegar al guardarropa.

Allí solo tenía que volver a ser un plutócrata —un plutócrata llamado con urgencia por asuntos de negocios—. Solo tenía que entregar su tique al empleado del guardarropa y salir de nuevo con la misma elegancia con la que había entrado. Solo que... solo que yo casualmente era el empleado del guardarropa”.

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