Codal
nydus/The Innocence of Father BrownPublic
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Los pies raros

pasos en este pasillo que bailaban una danza tan extraña como la danza de la muerte. Primero venían unos pasitos rápidos y graciosos, como los de un hombre que camina de puntillas por una apuesta; después venían unos pasos lentos, despreocupados y crujientes, como los de un hombre fornido que pasea fumándose un puro. Pero ambos pares de pasos pertenecían a los mismos pies, se lo juro, y se turnaban alternativamente: primero la carrera, luego el paseo, y otra vez la carrera. Al principio me pregunté, sin darle mucha importancia y luego con inquietud, por qué razón un hombre habría de representar esos dos papeles al mismo tiempo. Uno de los aires lo conocía; era exactamente igual al suyo, coronel. Era el paso de un caballero bien alimentado que aguarda algo, el cual se pasea más bien porque se halla en estado de alerta física que por impaciencia mental. Sabía que el otro paso también me resultaba familiar, pero no lograba recordar a qué correspondía. ¿Qué criatura salvaje había conocido en mis viajes que avanzara a toda prisa y de puntillas con aquel estilo tan extraordinario? Entonces oí el tintineo de unos platos en alguna parte, y la respuesta se reveló tan clara como la cúpula de San Pedro. Era el paso de un camarero: ese andar con el cuerpo inclinado hacia adelante, la vista fija en el suelo, la planta del pie rechazando el piso, y los faldones de la americana y la servilleta al viento. Luego reflexioné durante minuto y medio más. Y creo que llegué a ver cómo se había cometido el crimen con tanta claridad como si fuera a cometerlo yo mismo.

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