todas partes eran ridiculizados y despreciados. Hoy está de moda; y la práctica del control estatal, el apoyo estatal, la universalidad de la acción del Estado, es tal que son quienes se oponen a ella los que ahora son los maniáticos y los excéntricos.
Todos podemos recordar el día en que, en los Estados Unidos, un prohibicionista era un fanático, y un fanático muy impopular por cierto. Le hemos visto a la moda atraparlo con ensañamiento.
Todos nosotros podemos recordar el día en que los partidarios del sufragio femenino en Inglaterra eran en verdad un grupo muy pequeño de excéntricos: ¡sabemos lo que ha ocurrido allí!
Las fuerzas que impulsan a los hombres hacia el campo antisemita son mucho más fuertes que las fuerzas que actúan sobre esas viejas aficiones del sufragio femenino, de la prohibición y del resto.
Son fuerzas personales e íntimas que surgen de los instintos raciales más fuertes y de los recuerdos individuales más amargos de pérdida financiera, subyugación y deshonra nacional.