Pues tal espíritu se nutría no solo de doctrina, sino también de práctica, mediante la aparición, en grandes cantidades, de inmigrantes de muy diversos países, todos los cuales fueron absorbidos y fundidos por el espíritu estadounidense. Si alguna vez hubo un terreno en el que la falsa concepción de que un judío podía ser judío y al mismo tiempo ciudadano de pleno derecho de otra nación [resultara insostenible], ese terreno fueron los Estados Unidos de América. Sin embargo, es allí donde el problema está alcanzando ahora su forma más aguda; y la razón es que, junto a esta sólida tradición cívica, coexisten una libertad de expresión absoluta y una opinión pública muy activa. La realidad pudo más que la teoría y el judío fue reconocido como algo aparte. Jamás volverá a pasar desapercibido.
Quedan por considerar las fuerzas internacionales que modifican esta verdad general de que el pleito con el judío es un pleito con su creciente control sobre nuestros asuntos.
Esas fuerzas internacionales son la Religión —el islam y la Iglesia Católica—, la fuerza del Capitalismo Moderno y la Reacción contra esa fuerza del Proletariado Industrial, la Reacción resumida en el término Socialismo. Las cuatro son internacionales.
La posición del judío en el islam puede definirse de manera sencilla. En el islam se le trata con menos método y, por tanto, con menos opresión continuada que en la cristiandad, pero siempre y permanentemente como algo vil e inferior, salvo en unos pocos momentos raros en los que cuenta con el favor de gobernantes particulares, o es necesario para alguna sociedad especial, o es admirado en un momento de brillantez intelectual.
Normalmente, el judío en el islam es un paria. Sé muy bien que se juega a fingir que el islam es de algún modo más clemente con él que nosotros.