nombre de Spinoza, se encuentra en el origen de esa interpretación puramente natural, de cuño lucreciano, del mundo, que continuó a través de Descartes hasta su gran expansión en la actualidad. Hallas ese elemento tanto en la economía como en la filosofía, en la ciencia política del mismo modo que en la economía; y, hablando de economía, no debe olvidarse que el nombre más importante en la fundación de la ciencia económica moderna es el nombre de un judío, Ricardo, mientras que el nombre más destacado en el desarrollo de su aplicación directa más prominente es también un nombre judío: el nombre de Karl Marx.
No carece de significado que cualquiera de estos nombres recuerde, junto a su origen judío, un alejamiento de la comunidad general de los judíos. Esa comunidad, creo que es justo decirlo, abandonó a Spinoza; Ricardo y, según creo, Karl Marx fueron ajenos a la religión nacional, y este último se casó fuera de su pueblo y ejerció su enorme influencia de manera ajena a la sangre de la que su familia procedía.
Pues aunque es verdad que la dirección, el estado mayor del Comunismo es judío, sus adeptos convencidos son, en masa, de nuestra sangre.
Y a este respecto me viene a la memoria otra teoría o hecho vinculado a la historia de Israel, que es que la independencia intelectual del judío ha sido tan notable a través de los tiempos como su solidaridad. Muchos hay, bien lo sé, de esa nación que consideran tales excepciones como caprichos y casi las condenan como traidoras; sin embargo, no son un pequeño activo para la reputación de su pueblo y sus nombres, por muy repudiados que sean por sus compatriotas, arrojan lustre sobre el conjunto del que proceden. Estos incluyen (que se recuerde) no sólo a los filósofos «escépticos», no sólo a los materialistas, sino también a esas extraordinarias excepciones que han prestado el vigor, la tenacidad y el lustre del intelecto judío al servicio de la Iglesia Católica.